Recuerdo esa noche y a este mi amigo Rafael, vecino, de una de las
familias conocidas por nosotros de apellido Campos, muy estimado,de un buen carácter, avivado, a la misma vez
una persona de mucha gracia y de muy
agradable conversación, hermano mayor de
uno de mis mas cercanos amigos.

Esa noche nos encontramos
en San Salvador esperando el autobús para la ciudad de Apopa, Una de
las ciudades aledañas a San Salvador,
apenas a unos doce (12) Km. de distancia sobre la carretera troncal del norte y a unos (50)
minutos por el trafico, pero ya eran pasadas las nueve de la noche.
Era tiempo de lluvias esa noche era literal el dicho de llueve a cantaros" ya en las calles de San
Salvador habíamos recibido buena parte de esa torrencial lluvia y nuestras ropas se encontraban
empapadas, habíamos entablado una conversación
muy amena y tan agradable era que prácticamente
habíamos hecho que el tema nos arropara.
No nos incomodaba la lluvia de ninguna manera, en el Salvador las
lluvias difícilmente son frías, mas bien son frescas y agradables, pero
en si un torrente increíble de agua, parecía que los siete cielos se habían
desbordado, las avenidas eran verdaderos ríos, mucha gente corría de un
lugara otro tratando de cubrirse.
Muchos taxis se deambulaban tomando pasajeros, todavía había bastante actividad en el centro como solíamos llamarle a la zona comercial, al fin nuestro autobús apareció y listos para abordarlo, ya habiéndonos acomodado en el, algo me llamo la atención, que aunque conociendo a estos motoristas de las rutas de autobuses como son de intrépidos, que entre mas difícil y complicado se les haya hecho el conducir por lo que sea, mas velocidad le dan a las maquinas.
En esta ocasión, no se si por el tema que era Dios, o por los
cantarazos de agua, quizás les nublaba y no visualizaban bien la
carretera,pero increíble este motorista manejaba con precaución, y nuestra platica continuo hasta
llegar a la ciudad, ya en la ciudad de Apopa, parecía como si la lluvia se había trasladado
nos seguía, la cosa fue que bajamos del autobús
y nos tocaba caminar unos 15 minutos mas hasta llegar a la colonia de nuestra residencia.
Así emprendimos nuestro caminar y con ella nuestra bulliciosa platica, reíamos y nuestras voces resonaban con ganas, los perros aullaban
otros latían al escucharnos, pasábamos por el parque y frente a la iglesia, cerca de la farmacia
del pueblo, así se llamaba la farmacia o botica, la ciudad ya dormía.

De esa manera íbamos avanzando, salíamos de
la ciudad y entramos a un tramo de campo
entre ella y nuestra colonia, y comencé a relatarle
a mi amigo Rafael lo que me había sucedido un
cierto sábado caminando por ese mismo lugar, recordaba como se me había aparecido un sujeto saliendo de las sombras desde un terraplén de
piedra y tierra, con abrigo largo oliendo a alcohol,
ebrio y me acusaba de haberle tomado un su caballo reíamos con mi amigo, pero que ocurrencia
El aspecto de este sujeto me pareció al de una
persona del área rural, alto y fuerte, mas bien me pareció de aspecto militar, y de igual manera muy tosco, nada de agradable o amable como los
naturales de esas áreas suelen ser, de repente desenfundo un arma con la que me apuntaba y no paraba de repetir lo del caballo.
Yo me ofrecí para ayudarle a encontrarle y de
alguna manera llevarle hasta el puesto de guardia,
en esos días era muy peligroso caminar por senderos no muy habitados por causa de la guerra
civil que se encontraba en su apogeo, luego apuntándome con su arma me decía que me
introdujera por el bosque cercano a un río que ya le conocía, y pensé, este me va a matar!
Entonces cobrando valor trataba de hacer tiempo hablando y de mantener su atención, no
moverme de allí, sabia que en unos minutos los feligreses de una de las iglesias evangélicas de
ese lugar iban a comenzar a llenar esa calle solitaria, y dicho y hecho con el primer grupo que
pasaba yo aun diciéndole a este sujeto no se preocupe yo le mando un par de guardias para que
le ayuden, me escabullí.

mezclándome en medio con los hermanos feligreses, me retire con el grupo
ya respirando me decía gracias a Dios no
sentí temor, pero mis piernas comenzaron
a temblar un poco, dándome prisa por llegar recuerdo que recuerdo que quería abrir la
puerta de la casa, para entonces el temor había descendido en todo mi cuerpo.
No entendía por que la llave no me servia
hasta que alguien por el ruido que hacia abrió
la puerta y sorpresa yo empujando para entrar..
y ella sorprendida me preguntaba que hacia yo con su puerta y que era lo que deseaba...
Yo pensaba, que hacia mi vecina en casa, con las luces
ya apagadas y en ropa de dormir, entonces como por
arte de magia, en mi mente, todo comenzó a tomarsu lugar y me di cuenta que esa no era mi casa
me había equivocado, me reí como un loco, y me
disculpe, luego le relate lo que me había acontecido
me ofreció un café, pero decidí ir a casa.
De regreso con mi amigo y a nuestra compañera la lluvia, después de este paréntesis que nos sirvió para alabar a Dios
por guardarnos en el camino, continuamos hasta llegar a
nuestro destino queríamos terminar el tema y curioso no hallábamos como hacerlo.
Nos quedamos bajo la lluvia a mitad de calle y al final de ella
que nos separaba a uno a la izquierda y el otro hacia la derecha, fueron cinco minutos mas de lluvia, conversación, truenos y relámpagos, así como son las lluvias en mi país, al final cada quien tomo su rumbo, nunca olvide esa noche, esa tormenta, y el tema de nuestra conversación que era de tan alta estima, que ni el temor ni las centellas, ni aun los cantarazos de agua pudieron con ella, que noche para vivirla de nuevo...
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