Dulces años





Juventud de días pasados, florecer de encantos, sueños imborrables, deseos prohibidos, pero no imposibles, un dormir, un despertar, correr y subir
a la cima de aquella colina, entraña de nuestra colorida vecindad, bendita loma, posarme en su noble césped, en medio de sus arboles, maleza saturada de cuentos, memorias de risas y mariposas, besos, lagrimas derramadas,y mas de alguna mejilla sonrojada

Los recuerdos me hacen sonreír, mi vista se pierde, en la lejanía de los tiempos y como si en una manta ligera, casi transparente, se proyectan, borrosos
al principio luego con claridad se devuelven como ecos reales del ir y del venir, sigilosos descansando,
a veces gritando.

 Ese día me encontraba en aquella peña, en la cima de esa loma disfrutando de la brisa dulce refrescante de aquella tarde soleada, de un azul celeste cielo mar, tan increíble, vestía de jersey roja pegada a mi piel, jeans de lona, campana, azules, de zipper y botones traslapados,calzaba unos botines al estilo George Harrison. bien lustrosos, mi cabello largo, con mis libros, cuadernos de estudio aun a mi lado.

 Me entretenía solaz, esperaba sentado sobre aquella alfombra de yerbas verde doradas, aguardaba por aquella niña de dulce sonrisa, angelical bella, deseable,yo sabía que ella vendría, meditaba en lo que hablaríamos, había un temblor en mi, estaba nervioso, quizás por que esta era la primera vez que estaríamos a solas, sin amigos atajando nuestras miradas, repasaba aquellos versos de Becquer, palabras encantadas, Neruda, Espino, diciéndome ánimo ! ya vendrá.

 Recordaba sus labios tenues carnudos,color rosa y a veces enrojecidos, sus manos tan sutiles, suaves como de seda, su voz un canto de cadencias, melodías tiernas a mis oídos, que despertaban mis sentidos, sus cabellos de un color  rojizo  brillante golpeando sus hombros, en el ondular de su caminar, del mover de sus caderas mi vista volaba, me observaba de reojo,mi rostro enrojecia, me cubría... ella sonreía


Le apreciaba, la comparándola a la gacela cisne diáfano, ella asistiría a sus clases de ballet, le acompañaría, iríamos caminando tomados de la mano, rozaría su rostro, su mejilla, le daría un beso, me daría una mirada de miel pegajosa, le robaría otro, antes de llegar, tomaríamos un refresco, conversaríamos de esa mirada, de esos ojos grises, desfallecería al mencionar su sonrisa diría deja, ya, no abrases mas los pilares, tomados de las manos correríamos, luego le diría niña
traviesa.

Tarde de ensueños, de alegrías muchas, de corazones henchidos de amor, sentimientos vírgenes, sigilosos que nos empujaban en abrazos sumisos a sentimientos en fuego de pasión encendidos, mas yo aun en la roca, en la sima de esta bendita loma espero por ella, se que a de venir…

Un viento fuerte, nubes se arremolinan anunciando lluvia, el sol se oculta, las nubes cubren los cielos, los rayos del sol nublan, ya decaen, el aroma fresco con el viento se entremezcla, olores a flores silvestres, aromas acentuados a yerba y  tierra húmeda se levantan, me envuelven.

 Mi corazón tiembla, aun no viene, mi alma suspira, bajare la loma, iré hasta acercarme a su puerta, ya en camino, ya corro, las gotas de lluvia gruesas y pesadas se estrellan sobre mi pecho sobre mi rostro, acercándome veo su puerta abrirse, ya le veo salir, ya le veo marcharse   del brazo de su su padre, mi corazón parece detenerse, yo grito al cielo, dando un alarido mudo, empapado corro bajo la lluvia diciéndome... otro día será.

























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